Tras la calma que hubo cuando casi todas las facciones se reunieron por el asunto de Prometeo, parece que las cosas vuelven a la normalidad y empieza haber jari entre todo kiski. Por yo qué sé que asunto de unos galligartos, un montón de nuevas bandas llenas de ninchis se están repartiendo fostiales, pero con ganas.
Aunque en general la cosa sólo acaba con algún pringao medio cojo o un poco tocado del carro, ya hay alguno que la ha cascado. A estos los echamos al descampado de Campoflorido, el infecto bujero lleno de furacos donde la peña se dedica a enterrar a sus compañeros menos afortunados. Allí todo cabe, cantos desgarradores, alabanzas al camarada caido, palabras de aliento a los que quedan, maldiciones al joputa que se dejó matar con una pila de balas pendientes de pagar…
Como somos gente de corazón (negro, podrido y muerto, pero corazón), y encima nos dan unas cuantas balas al mes por hacerlo, vamos a añadir en esta ilustre Gaceta un obitra… orbitua… ¿arbitrario?… bueno, unas mierdas sentimentales de esas escritas por sus antiguos compis de banda.