A veces nadie sabe por qué algo se vuelve popular, pero resulta que la granja de Darius es el auténtico petardazo de este mes y todo quisqui quiere ir a verla e incluso imitarla.
¿Por qué? Pues resulta que Darius estaba harto de que los enjambres de cuervofetas se zamparan sus cultivos. Pero en lugar de rendirse ante esta amenaza alada y apestosa, decidió utilizar su ingenio y los restos de sus enemigos caídos para crear una solución única. El granjero, conocido por su habilidad para encontrar valor en la chatarra, reunió piezas de metal, fragmentos de armaduras y restos de los propios cadáveres de los enfrentamientos pasados en el Páramo. Usando una destreza y creatividad sorprendente viendo su cara de pánfilo, comenzó a construir espantapájaros con una estética totalmente única.
Cada uno de sus creaciones es distinta, con esa mezcla de chatarra y partes de sus enemigos derrotados, que le da una apariencia que da un canguelo que no veas. Y aunque al principio no solo ahuyentó a las cuervofetas sino también a cualquier parameño que pasara por el lugar, a alguien se le ocurrió decir que eso era arte y la peña ha
empezado a ir en masa a contemplar esas cosas.
No veáis a los niños llorando aterrados mientras sus padres se las dan de entendidos diciendo lo que Darius quería expresar con esa monstruosidad.
Y sí, da igual que Darius haya dicho mil veces que él solo junto esas cosas a voleo para que los pajarracos no se acercaran y que todos los que pasan
por allí en busca de arte son unos gilipollas.