¡¡¡SAJARRATAS HA MUERTO!!!
El Viejo Sajarratas. Ese personaje conocido por todos en Puentechatarra, que daba asco y no querías tener cerca, pero aun así entrañable y una parte importante de nuestro asentamiento ha muerto.
Vale, todo el mundo esperaba que palmara en cualquier momento con toda la mierda que se había metido durante su vida y lo cascado que estaba. Pero lo extraño es que no ha muerto de un coma etílico, una sobredosis o una pulmonía, sino que ha sido salvajemente atacado.
Como muchos de vosotros sabéis, Sajarratas fue antiguamente un “kafre de túnel”. Esa gente que se gana la vida colándose por túneles y desagües que en el Mundo de Antaño servían para tirar mierdas y cosas así. Allí destripan alimañas y cosas peores, y evitan así que bichos diversos se reproduzcan a tope y que por ejemplo se repita la plaga de cucarratas del veintitantos. Pues aunque parezca increíble Sajarratas en su época era el mejor en ese trabajo. Hasta aquel día, cuando se metió a tope en el Túnel 666. El que dicen que más abajo llega en el subsuelo y que desde entonces está totalmente prohibido. Y lo hizo por una apuesta, un “no hay güevos” de toda la vida.
Allí estuvo desaparecido durante 3 días. Regresó pálido, sudoroso, de chola a pies cubierto con un pringue que vete tú a saber si era sangre o su puta madre, con la vista perdida y unas palabras que repetía en su desdentada boca… el horror… el horror… el horror… Y desde entonces se le fue la pinza y pasó a ser el desecho humano que conocéis ahora. En los años que han pasado desde entonces no ha habido mucho más que contar. Ha vivido en la calle metiéndose lo que ha podido y trabajando lo menos posible. Pero aquí empieza lo extraño. Hace un par de semanas Sajarratas empezó a comportarse de manera extraña. Y estamos hablando de un tipo que duerme en sus propios vómitos sin problemas, que tiene conversaciones con las voces de su cabeza a gritos o que suelta los consejos que soléis leer… así que imaginad cómo era la cosa. El caso es que no callaba con que algo había vuelto. Se asustaba por cualquier cosa y se andaba escondiendo en sitios chungos, que por el pestazo sabías donde estaba, pero él lo intentaba.
Y finalmente su cadáver totalmente destrozado ha aparecido donde toda su locura comenzó: en la entrada del Túnel 666. Aunque poco se distinguen de sus rasgos, es imposible no reconocer su famosa capa de ratas, la camiseta del oso o ese calzado estrafalario. No se sabe si lo que le ha atacado ha sido una persona, un mutardo o una bestia, ya que por cómo estaba es difícil tener claro nada.
Parece que por alguna razón Ricky Durango, el más famoso investigador a sueldo de Puentechatarra, y también el más odiado, todo sea dicho, se ha tomado como algo personal el averiguar qué ha pasado. Y sin cobrar.
Allí donde estés (a poder ser no muy cerca), descansa en paz Sajarratas.