El Día D
La explosión lo pilló totalmente por sorpresa. Estaba en la Plaza del Pacto, mercadeando sus cosas mientras recorría los puestos que bordeaban la explanada a los pies de Puentechatarra. Esta vez llevaba buen material, cosas muy chulas que sin duda podría colocar bien a alguno de los dueños de los tenderetes que quisiese echarle una mano y darle algunos casquillos por ellas: carne seca casera de sus galligartos, unas buenas botas casi nuevas que había encontrado en un desagüe, un